24 de julio de 2008

De La ciudad y los hombres (1999)

De los orígenes


Cuentan que, al nacer la palabra, nadie terminaba de sorprenderse. Mucho fue dicho y ninguno se contuvo. Hubo quienes prefirieron el silencio que todo lo expresa.

De la sílaba tremulante entre los labios nació la palabra y, en un rebrote exasperante, el más impasivo, de su locura, creó la forma que volvió a enmudecer a todos...

La noticia dio que hablar. Las formas sugerían epítetos impronunciables. La discordia concibió una suerte de censura. Inscribiendo indignadas figuras sobre la superficie de las formas, los parlantes inventaron la escritura.

De aquella contraposición inagotable, como sencilla expresión de deseo, con el tiempo crecieron ciudades. Se tendieron puentes, se conquistaron reinos y se incendiaron bibliotecas.

(c) Lino Elías Sapiainen