17 de octubre de 2008

De Libro (2002)

No se ambiciona siempre la comunicación inmediata. Escribir es diálogo con un lector sin rostro y sin nombre, preexistente en el tiempo. Aludir a símbolos es aludir a quien pueda descifrarlos. Aún cuando se tenga la sensación de estar redactando para las estrellas del cielo.

Elaborar texto en el lenguaje de los hombres quiere comunicar, pero además, a través del conciso número de símbolos dispuestos sobre el papel, tras la solitaria invocación para encontrar aquellas palabras, quiere perdurar como artefacto, titilando, de forma aislada e independiente a su creador.

La obra escrita trasciende a su autor, yendo más allá de su existencia. Si un lector futuro descifra el texto con su lectura, una intrigante comunicación se producirá al fin, contemporánea o puede que mucho después, pero aquel encuentro recreará una armonía esperada.

El texto, una vez concluido queda cerrado y hecho a un lado. Su autor lo abandona y es como sí contaminara el futuro, porque la posibilidad de que alguien se tope con aquellos símbolos en el porvenir, existe.

(c) Lino Elías Sapiainen

24 de julio de 2008

De La ciudad y los hombres (1999)

De los orígenes


Cuentan que, al nacer la palabra, nadie terminaba de sorprenderse. Mucho fue dicho y ninguno se contuvo. Hubo quienes prefirieron el silencio que todo lo expresa.

De la sílaba tremulante entre los labios nació la palabra y, en un rebrote exasperante, el más impasivo, de su locura, creó la forma que volvió a enmudecer a todos...

La noticia dio que hablar. Las formas sugerían epítetos impronunciables. La discordia concibió una suerte de censura. Inscribiendo indignadas figuras sobre la superficie de las formas, los parlantes inventaron la escritura.

De aquella contraposición inagotable, como sencilla expresión de deseo, con el tiempo crecieron ciudades. Se tendieron puentes, se conquistaron reinos y se incendiaron bibliotecas.

(c) Lino Elías Sapiainen

28 de junio de 2008

De El espejo de viento (1993)

Encuentro con el viento

El río de lejos embravece,
se estremece el agua en los muelles.
Dentro el océano crece
como el abdomen de una mujer.

Es lo indeterminado manifiesto,
el susurro de lo imposible,
que vive por fin y no duerme.
¿Puede el río saber mi destino?

La vida es más fuerte, las nubes
lo hacen todo diferente. El agua
se mece desquiciada aguardando algo,
distancia es el rostro del viento.

Yo camino
y antes alguien lo ha decidido.
Y respiro, pero es el aire
el que profana mi suspiro.

(c) Lino Elias Sapiainen