Bubok Publishing S.L. (38 Págs.)
Cruzaba a pie los Andes con un hermano de ruta. Bajo el sol calcinante del verano, quedaba atrás el pálido desierto. Nos circundaban imponentes macizos cuando la tarde soltó sus veloces sombras sobre el camino. Fue brusco el descenso de la temperatura e imprevisiblemente, todo desplazamiento se vio entorpecido por la magnitud del viento. En una fisura entre rocas, encontramos momentáneo refugio.
Estremecido por las potencias atmosféricas, sentí al igual que un niño, el vivo deseo de entrar en contacto con aquel fenómeno. Buscando mencionar algo sin conocer su nombre lancé un llamado inconsciente, un reclamo personal al elemento.
Tiempo después, en una mítica isla del sur de Chile, me hallaba contemplando el comienzo de la noche recostado en la hierba y en el ámbito de aquella silenciosa penumbra, la brisa volvió para hablarme. Oí su caudal de voces venir y partir con el viento, dialogando con seres que habitan mi memoria. El aire en movimiento era el lenguaje de los ausentes.
Los rostros detrás de las voces conformaron mi propio reflejo. Me supe, de pronto, delante de un espejo. La imagen que todos conocemos, poco le asemeja. Una puerta abierta que huye, donde es posible ver y verse, resulta más adecuada. Tras aquel espejarme entrañable y repentino, la hendidura volvió a cerrarse, pero el llamado y aquel encuentro perdura aún en versos de este libro.
