26 de junio de 2013

La forma de una celda


La absurda transición hacia la propia libertad
se transita en una inepta pose,
manteniendo un gesto yerto
que nos deforma el rostro
y que amaga con secuelas fantasmas.
La libertad será un acto rotundo,
la desmesura que librará tu halo oculto
para volverlo humano.
Las trampas en las que el alma se evade
de la pequeñez y asfixiante estrechez
de un conducto por el que circula lo social,
pueden ser películas sin pasado.
Originales agregados que se proyectan
en las antecámaras del cerebro
y construyen un presente extremado,
pero rico de variados matices
donde se recrea la diversidad.
Lo social rige el orden de lo conveniente,
de lo adecuado al límite.
El ser rebota contra ellas, hasta apagarse.
Otras veces, extrae de su interno
una maraña que sobresale del tablero
o destruye con patadas seguidas
aquella subyacente geometría.
Tras la rotura avista el vacío
y sucumbe a las balas del deseo.

(c) Lino