Cada tarde en la plaza de la Estación Central de Milán, como en el atrio
de un inmenso purgatorio de hormigón, habituales personajes en una espera incierta y
vacía, se reunían a pasar las horas en grupo.
Hombres de diferentes
nacionalidades, conformaban con sus penurias
individuales el estrato marginal de la sociedad. Sin trabajo, sin
casa, sin papeles y sin algún dominio de la lengua, aguardaban
un inesperado golpe de la suerte o sólo un día más.
Está solo por el momento,
porque desde hace algún tiempo,
su alma es su propio abismo y
nadie vino a salvarlo de sí mismo.
Cuando el vacío lo carcoma,
será arduo restar completo.
Para aplacar aquel tormento,
buscará consumir, al menos,
la sangre de alguna manera.
-Sgradevole!- murmuran los vecinos
- É un drogato; demonio; depravato!-
pero no se acerca un cristiano.
Inerme, frente a la galaxia,
buscará evadirse de cualquier modo.
Sólo él, ha de llenar sus espacios,
Todo sabe absurdo sin una clave.
Pavía, agosto 2003
Cuando el vacío lo carcoma,
será arduo restar completo.
Para aplacar aquel tormento,
buscará consumir, al menos,
la sangre de alguna manera.
-Sgradevole!- murmuran los vecinos
- É un drogato; demonio; depravato!-
pero no se acerca un cristiano.
Inerme, frente a la galaxia,
buscará evadirse de cualquier modo.
Sólo él, ha de llenar sus espacios,
Todo sabe absurdo sin una clave.
Pavía, agosto 2003
(c) Lino Elías Sapiainen
No hay comentarios:
Publicar un comentario