10 de junio de 2010

El Habitante 
LINO ELIAS SAPIAINEN
Bubok Publishing S.L. (74 Págs.) 

El afán desmedido por escribirlo todo en una larga historia, distancia, a veces, de la amenidad de contar. El autor de El Habitante ha preferido  un paciente ejercicio de seis cuentos de ficción con el objetivo de invitar a una lectura cordial. El rasgo que caracteriza la trama de relatos es, probablemente, la metamorfosis existencial en una aventura fantástica única y desmembrada en seis partes.
"Me he dejado llevar por el transcurso de la historia, la construcción de un lugar, su arquitectura y la voz interior de su acotado reparto". Esta insólita geografía, región predilecta de su propia libertad es, quizás, el territorio de la literatura.
Máximo arquetipo de sus personajes, El Habitante, contrapuesto a los afilados vértices del presente, siente el mítico llamado, las fuerzas de un mundo interno y atemporal. El fondo de su alma sabrá entregar algo de luz o será el abismo absoluto del cual no existe salida. Los sentimientos, la ensoñación, y los instintivos reveces de la razón de estos personajes, decidirán correr ese riesgo, exaltando una humanidad acechada, su fragilidad y su potencial indemne. 

Aurelia Mujica Barbieri

16 de mayo de 2010

Percepción al vuelo (2010)


Tu nuca con su inigualable orgullo
precinta los tesoros con un lazo.
Deja apenas expuestos
al día y a la luz,
sólo unos rubios vellos
que la tarde presenta
como un triunfo de la naturaleza.

Yo te estudio y me aplico
por no perder el año y
tengo todo ganado.
El futuro, el presente
y el pasado resuelto,
en el acto de verte.

Vas de perfil incógnita y expuesta al
despiadado transcurso
en el ligero tren de la belleza.

(c) Lino Elías Sapiainen

14 de octubre de 2009

Huérfanos (inédito)

In Memoriam M.S.

Madre, tierra venerable
de anchos y morenos brazos
de los consabidos pasos
que caminan junto al padre.

Se alza hoy tu canto noble
que suena a tambor sencillo
con el candor y el brillo que
alivia un corazón pobre.

Alma de todos los vientos
sonriendo trepada al Pampa
tarareando vas la zamba
que ha de abrigar nuestro aliento.

Negros tonos del mineral,
sabia luz de la semilla,
rojo cántaro de arcilla,
tibio faro de un boulevard.

Ronda tu fantasma ya,
bailando está en la avenida,
abrió en la ciudad la herida
de alma que canta y no está.

Te has ido entonando un son,
despacio tu voz lo acuna.
Hoy te vas y eres la luna
con que sueña el corazón.


Mataró, 5 octubre 2009

(c) Lino Elías Sapiainen

28 de septiembre de 2009

Indocumentado en el paraíso (inédito)

 
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Cada tarde en la plaza de la Estación Central de Milán, como en el atrio de un inmenso purgatorio de hormigón, habituales personajes en una espera incierta y vacía, se reunían a pasar las horas en grupo.
Hombres de diferentes nacionalidades, conformaban con sus penurias individuales el estrato marginal de la sociedad. Sin trabajo, sin casa, sin papeles y sin algún  dominio de la lengua, aguardaban un inesperado golpe de la suerte o sólo un día más.  


Está solo por el momento,
porque desde hace algún tiempo,
su alma es su propio abismo y
nadie vino a salvarlo de sí mismo.

Cuando el vacío lo carcoma,
será arduo restar completo.
Para aplacar aquel tormento,
buscará consumir, al menos,
la sangre de alguna manera.

-Sgradevole!- murmuran los vecinos
- É un drogato; demonio; depravato!-
pero no se acerca un cristiano.

Inerme, frente a la galaxia,
buscará evadirse de cualquier modo.
Sólo él, ha de llenar sus espacios,
Todo sabe absurdo sin una clave. 


Pavía, agosto 2003

(c) Lino Elías Sapiainen

28 de abril de 2009

De Otoño Delfín (2009)

El amor/3 

Era uno de esos días.
La lluvia parecía
caer con estruendo y no caía.
Era uno de esos días
en que los árboles, sus alas,
agitaban con furia.
Mas sólo apacibles dormían.
Todo a mi parecía.
Nada era así aquel día.
Era que yo iba a verte,
que tal vez te vería.

(c) Lino Elías Sapiainen

17 de octubre de 2008

De Libro (2002)

No se ambiciona siempre la comunicación inmediata. Escribir es diálogo con un lector sin rostro y sin nombre, preexistente en el tiempo. Aludir a símbolos es aludir a quien pueda descifrarlos. Aún cuando se tenga la sensación de estar redactando para las estrellas del cielo.

Elaborar texto en el lenguaje de los hombres quiere comunicar, pero además, a través del conciso número de símbolos dispuestos sobre el papel, tras la solitaria invocación para encontrar aquellas palabras, quiere perdurar como artefacto, titilando, de forma aislada e independiente a su creador.

La obra escrita trasciende a su autor, yendo más allá de su existencia. Si un lector futuro descifra el texto con su lectura, una intrigante comunicación se producirá al fin, contemporánea o puede que mucho después, pero aquel encuentro recreará una armonía esperada.

El texto, una vez concluido queda cerrado y hecho a un lado. Su autor lo abandona y es como sí contaminara el futuro, porque la posibilidad de que alguien se tope con aquellos símbolos en el porvenir, existe.

(c) Lino Elías Sapiainen

24 de julio de 2008

De La ciudad y los hombres (1999)

De los orígenes


Cuentan que, al nacer la palabra, nadie terminaba de sorprenderse. Mucho fue dicho y ninguno se contuvo. Hubo quienes prefirieron el silencio que todo lo expresa.

De la sílaba tremulante entre los labios nació la palabra y, en un rebrote exasperante, el más impasivo, de su locura, creó la forma que volvió a enmudecer a todos...

La noticia dio que hablar. Las formas sugerían epítetos impronunciables. La discordia concibió una suerte de censura. Inscribiendo indignadas figuras sobre la superficie de las formas, los parlantes inventaron la escritura.

De aquella contraposición inagotable, como sencilla expresión de deseo, con el tiempo crecieron ciudades. Se tendieron puentes, se conquistaron reinos y se incendiaron bibliotecas.

(c) Lino Elías Sapiainen

28 de junio de 2008

De El espejo de viento (1993)

Encuentro con el viento

El río de lejos embravece,
se estremece el agua en los muelles.
Dentro el océano crece
como el abdomen de una mujer.

Es lo indeterminado manifiesto,
el susurro de lo imposible,
que vive por fin y no duerme.
¿Puede el río saber mi destino?

La vida es más fuerte, las nubes
lo hacen todo diferente. El agua
se mece desquiciada aguardando algo,
distancia es el rostro del viento.

Yo camino
y antes alguien lo ha decidido.
Y respiro, pero es el aire
el que profana mi suspiro.

(c) Lino Elias Sapiainen