17 de marzo de 2013

El Espejo de viento

LINO ELIAS SAPIAINEN
Bubok Publishing S.L. (38 Págs.) 

El espejo de viento
Cruzaba a pie los Andes con un hermano de ruta. Bajo el sol calcinante del verano, quedaba atrás el pálido desierto. Nos circundaban imponentes macizos cuando la tarde soltó sus veloces sombras sobre el camino. Fue brusco el descenso de la temperatura e imprevisiblemente, todo desplazamiento se vio entorpecido por la magnitud del viento. En una fisura entre rocas, encontramos momentáneo refugio.

Estremecido por las potencias atmosféricas, sentí al igual que un niño, el vivo deseo de entrar en contacto con aquel fenómeno. Buscando mencionar algo sin conocer su nombre lancé un llamado inconsciente, un reclamo personal al elemento.

Tiempo después, en una mítica isla del sur de Chile, me hallaba contemplando el comienzo de la noche recostado en la hierba y en el ámbito de aquella silenciosa penumbra, la brisa volvió para hablarme. Oí su caudal de voces venir y partir con el viento, dialogando con seres que habitan mi memoria. El aire en movimiento era el lenguaje de los ausentes.
Los rostros detrás de las voces conformaron mi propio reflejo. Me supe, de pronto, delante de un espejo. La imagen que todos conocemos, poco le asemeja. Una puerta abierta que huye, donde es posible ver y verse, resulta más adecuada. Tras aquel espejarme entrañable y repentino, la hendidura volvió a cerrarse, pero el llamado y aquel encuentro perdura aún en versos de este libro.

3 de febrero de 2013

La ciudad de las estatuas (inédito)



Mapa de caras que
en su expresión exponen
la mirada solemne
del transcurso perpetuo.

Calles sin una luz,
y entre el difuso gris,
el voluminoso perfil
de bloques de cemento.

Silencio absurdo, incesante
silbido de la inexistencia;
que al traspasar los tímpanos,
aloja un reloj en la carne.

Desierto de avenidas
e inmuebles de persianas bajas,
completos cementerios, ni una flor,
pulcro y lustroso mármol
de prolijas insignias.

Nada ha muerto, todo está allí.
En la buhardilla de Plaza de Mayo,
la luz prosigue intacta;
hay alguien escribiendo.
Junto al célebre buzón de la esquina,
aguarda, el pasado, fumando.

Más allá, en el entrevero,
de recortadas y adoquines,
la célebre banda sigue tocando,
más que nunca y como siempre.

30 de septiembre de 2012

Traducción de un poema de Eugenio Montale (1896-1981)

Del libro "La Bufera e Altro" (1956)

La Tempestad


La tempestad vuelca en las duras hojas
de la magnolia, los holgados truenos
de marzo y el granizo,

(los sonidos de cristal, en tu nido
nocturno te sobrecogen; del oro
que se ha extinguido en las caobas,
y sobre el canto de los libros encuadernados,
arde todavía un grano de azúcar
en la piel de tus párpados)

la centella alumbra
árboles y muros y los sorprende
en aquella eternidad del instante
-mármol cunde y destrucción-
que esculpida dentro tuyo llevas
para tu condena y que te encadena
más que el amor a mi, extraña hermana,-

y luego el estruendo abrupto, los sistros
rugir de tambores sobre la fosa
ávida, zapateo de fandango
y aún, algún gesto con el que aferrar...

Como cuando
te diste vuelta y con la mano, limpia
la frente, de la nube de cabellos,
me saludaste-para entrar en la oscuridad.

((c) Traducción Lino Elías Sapiainen)

22 de julio de 2012

Traducción de un poema de Victor Hugo (1802-1885)

Del libro "Les Contemplations" (1830-1855)

XXIV 

Feliz el hombre, al eterno destino encausado,
aquel que cual viajero, al despunte, ha madrugado,
que despierta con espíritu pleno de sueños;
y al alba se dispone a la lectura y al ruego.

Sumido en lecturas, ve nacer el día lento,
y se abre dentro de su alma como un firmamento.
Él aprecia ostensible el pálido resplandor
de las cosas de su estancia y dentro suyo el fulgor.

Se cree en casa solo, todos están reposando;
mas cuando, con su dedo su boca va cerrando,
tras de sí, mientras el extasis colma su interno,
graciosos querubines espían su cuaderno.

((c) Traducción Lino Elías Sapiainen)

23 de abril de 2011

Historia del ayer (inédito)

In memoriam E.S.

Pintaba yo mi alegre margarita,
en tinta china, junto a la ventana,
cuando de pronto surgió gris y anciana
de pie en el vado de bruma infinita.
Impreso está su rostro en mis retinas,
en tanto cunde el agrio hedor a baúl,
limo de humedecidas estampillas.
Si indago el trasfondo de esas vivencias,
vasta antigüedad me tiene abrumado;
un collar de ilusiones tan amado,
del cloché de seda una flor de herencia
y tan dilatada sombra pasada
retorna por recuerdos proyectada.

(c) Lino Elías Sapiainen

10 de junio de 2010

El Habitante 
LINO ELIAS SAPIAINEN
Bubok Publishing S.L. (74 Págs.) 

El afán desmedido por escribirlo todo en una larga historia, distancia, a veces, de la amenidad de contar. El autor de El Habitante ha preferido  un paciente ejercicio de seis cuentos de ficción con el objetivo de invitar a una lectura cordial. El rasgo que caracteriza la trama de relatos es, probablemente, la metamorfosis existencial en una aventura fantástica única y desmembrada en seis partes.
"Me he dejado llevar por el transcurso de la historia, la construcción de un lugar, su arquitectura y la voz interior de su acotado reparto". Esta insólita geografía, región predilecta de su propia libertad es, quizás, el territorio de la literatura.
Máximo arquetipo de sus personajes, El Habitante, contrapuesto a los afilados vértices del presente, siente el mítico llamado, las fuerzas de un mundo interno y atemporal. El fondo de su alma sabrá entregar algo de luz o será el abismo absoluto del cual no existe salida. Los sentimientos, la ensoñación, y los instintivos reveces de la razón de estos personajes, decidirán correr ese riesgo, exaltando una humanidad acechada, su fragilidad y su potencial indemne. 

Aurelia Mujica Barbieri

16 de mayo de 2010

Percepción al vuelo (2010)


Tu nuca con su inigualable orgullo
precinta los tesoros con un lazo.
Deja apenas expuestos
al día y a la luz,
sólo unos rubios vellos
que la tarde presenta
como un triunfo de la naturaleza.

Yo te estudio y me aplico
por no perder el año y
tengo todo ganado.
El futuro, el presente
y el pasado resuelto,
en el acto de verte.

Vas de perfil incógnita y expuesta al
despiadado transcurso
en el ligero tren de la belleza.

(c) Lino Elías Sapiainen

14 de octubre de 2009

Huérfanos (inédito)

In Memoriam M.S.

Madre, tierra venerable
de anchos y morenos brazos
de los consabidos pasos
que caminan junto al padre.

Se alza hoy tu canto noble
que suena a tambor sencillo
con el candor y el brillo que
alivia un corazón pobre.

Alma de todos los vientos
sonriendo trepada al Pampa
tarareando vas la zamba
que ha de abrigar nuestro aliento.

Negros tonos del mineral,
sabia luz de la semilla,
rojo cántaro de arcilla,
tibio faro de un boulevard.

Ronda tu fantasma ya,
bailando está en la avenida,
abrió en la ciudad la herida
de alma que canta y no está.

Te has ido entonando un son,
despacio tu voz lo acuna.
Hoy te vas y eres la luna
con que sueña el corazón.


Mataró, 5 octubre 2009

(c) Lino Elías Sapiainen

28 de septiembre de 2009

Indocumentado en el paraíso (inédito)

 
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Cada tarde en la plaza de la Estación Central de Milán, como en el atrio de un inmenso purgatorio de hormigón, habituales personajes en una espera incierta y vacía, se reunían a pasar las horas en grupo.
Hombres de diferentes nacionalidades, conformaban con sus penurias individuales el estrato marginal de la sociedad. Sin trabajo, sin casa, sin papeles y sin algún  dominio de la lengua, aguardaban un inesperado golpe de la suerte o sólo un día más.  


Está solo por el momento,
porque desde hace algún tiempo,
su alma es su propio abismo y
nadie vino a salvarlo de sí mismo.

Cuando el vacío lo carcoma,
será arduo restar completo.
Para aplacar aquel tormento,
buscará consumir, al menos,
la sangre de alguna manera.

-Sgradevole!- murmuran los vecinos
- É un drogato; demonio; depravato!-
pero no se acerca un cristiano.

Inerme, frente a la galaxia,
buscará evadirse de cualquier modo.
Sólo él, ha de llenar sus espacios,
Todo sabe absurdo sin una clave. 


Pavía, agosto 2003

(c) Lino Elías Sapiainen

28 de abril de 2009

De Otoño Delfín (2009)

El amor/3 

Era uno de esos días.
La lluvia parecía
caer con estruendo y no caía.
Era uno de esos días
en que los árboles, sus alas,
agitaban con furia.
Mas sólo apacibles dormían.
Todo a mi parecía.
Nada era así aquel día.
Era que yo iba a verte,
que tal vez te vería.

(c) Lino Elías Sapiainen